
Retrato de Antonio José Ruiz de Padrón, obra del pintor gomero José Aguiar. Cabildo Insular de La Gomera. Fuente: El País. Fotografía de Fran Villalba.
Pocas fechas de independencia son tan conocidas a nivel mundial como la de Estados Unidos de América. El 4 de julio de 1776, el Segundo Congreso Continental, reunido en Filadelfia, aprobó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, el documento que proclamó el nacimiento de una nueva nación. Redactada principalmente por Thomas Jefferson, la declaración contó también con las aportaciones de Benjamin Franklin, John Adams, Roger Sherman y Robert R. Livingston.
Diez años más tarde, un joven sacerdote nacido en San Sebastián de La Gomera llegaría, de forma completamente inesperada, a esa misma ciudad. Su nombre era Antonio José Ruiz de Padrón y el contacto con aquella joven república marcaría profundamente su pensamiento político y religioso.
En 1785 emprendió un viaje a La Habana como religioso franciscano, pero una fuerte tormenta desvió la embarcación hacia las costas de Norteamérica y lo llevó hasta Filadelfia. Sin embargo, la escasez de documentación contemporánea impide corroborar plenamente este episodio. Aunque no puede descartarse el relato tradicional, tampoco existen pruebas concluyentes que permitan afirmar que su estancia en los Estados Unidos fuese completamente fortuita. En consecuencia, el origen de su llegada continúa siendo uno de los aspectos más sugestivos y debatidos de su biografía.

Vista oriental de la ciudad de Filadelfia desde la ribera de Nueva Jersey, según un dibujo de George Heap realizado bajo la dirección de Nicholas Scull. Fuente: Library of Congress, Prints and Photographs Division.
Filadelfia vivía entonces un momento de extraordinaria efervescencia intelectual y política. Las ideas ilustradas sobre la libertad, la tolerancia religiosa, la representación política y los derechos del individuo impregnaban el ambiente de una nación que comenzaba a construir sus instituciones. Durante su estancia, Ruiz de Padrón entró en contacto con destacados círculos intelectuales y mantuvo relación con Benjamin Franklin, uno de los principales artífices de la independencia norteamericana. Diversas biografías sostienen asimismo que pudo conocer a George Washington, si bien esta relación no cuenta con el mismo respaldo documental.

Presentación del proyecto de Declaración de Independencia al Segundo Congreso Continental reunido en Filadelfia, según la pintura de John Trumbull. En el centro aparecen John Adams, Roger Sherman, Robert R. Livingston, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin. Fuente: Library of Congress, Prints and Photographs Division.
Aquella experiencia dejó una profunda huella en su pensamiento. Sin renunciar a su condición de sacerdote, comprendió que la fe podía convivir con la libertad de conciencia y con un modelo político basado en la soberanía nacional y la limitación del poder. Esos principios, poco habituales en la España de finales del siglo XVIII, acompañarían desde entonces toda su trayectoria.
De regreso a España, desarrolló una brillante carrera eclesiástica que pronto desembocó en la vida política. Elegido diputado por Canarias en las Cortes de Cádiz, que elaboraron la primera Constitución española, se convirtió en una de las voces más destacadas del liberalismo español. Defendió la modernización del Estado, la libertad de pensamiento, la reforma de las instituciones y la necesidad de poner fin a los privilegios de aquellos organismos que consideraba incompatibles con los nuevos tiempos.
Su momento más trascendental llegó el 22 de febrero de 1813, cuando pronunció el célebre discurso que precedió a la abolición del Tribunal del Santo Oficio. Con sólidos argumentos históricos, jurídicos y religiosos sostuvo que la Inquisición era incompatible con el Evangelio y con los principios de justicia y libertad que debían inspirar la nueva España. Aquella intervención lo situó entre las figuras más relevantes de las Cortes de Cádiz y convirtió a un sacerdote nacido en San Sebastián de La Gomera en uno de los protagonistas de una de las reformas más importantes de la historia contemporánea española.
Antonio José Ruiz de Padrón falleció el 8 de septiembre de 1823 en Villamartín de Valdeorras, en la provincia de Orense, donde ejercía como párroco. Tenía 65 años.
Doscientos cincuenta años después de aquella proclamación y doscientos catorce de la primera constitución española, si preguntásemos por él en La Gomera, probablemente muchos apenas podrían relacionarlo con algo más allá de los nombres de un colegio, una plaza y una calle en su San Sebastián natal. Sin embargo, detrás de ese nombre se encuentra una de las figuras más influyentes no sólo de la historia insular, sino también de la historia política y religiosa de España.
Existen multitud de obras y trabajos que el lector puede consultar para profundizar en su figura más allá de este breve esbozo previamente mostrado en estas líneas, así que veamos lo que la genealogía nos muestra no sólo sobre él, sino también sobre sus antecedentes familiares.
Corría el año 1757 cuando en la San Sebastián de La Gomera, La Villa, como es conocida entre los gomeros, vino al mundo Antonio José de San Miguel, concretamente, el 9 de noviembre. Su asiento bautismal dice así:
“En la Yglecia Parroql de Nra. Sra de la Assumpn q es ensta Villa de la Gomª, en dies Y seis dias del mes de Nobe de mill settecients sinquenta Y siete añs : Yo Dn Jph. Rodrigues Fregoso clerigo Presbº, con licencia de el infraescripto Ve Bdo [ilegible] , baptize solemnemte y ungi con el Sto oleo y chrisma a un niño q nacio el dia nuebe de dho mes, aquien puse pr nombe : Antonio Joseph de Sn Miguel, hijo legitmo de Dn Gaspar Padron, y de Dª Geronima de Arsola; fue su Padrino Dn Joseph Domenego Manrriqe Presbº a qn pr su ministº; dexe de instruirle en su ôblign , y parentesco; tods son vesinos desta Villa; y para q conste lo firmo.
Joseph Rodrigues Fregoso”
Como vemos, los padres del futuro clérigo fueron el regidor —miembro del cabildo encargado del gobierno y la administración local— don Gaspar Ruiz de Padrón y doña Jerónima Francisca de Armas y Arzola, de quienes ya podemos hacernos una idea de su situación social por los tratamientos que reciben. También lo constatamos al consultar el padrón de 1757, donde en la casa número 30 encontramos viviendo a:

Fuente: Biblioteca Municipal Central de Santa Cruz de Tenerife (TEA). Fotografía del autor.
A partir de este registro podemos situar aproximadamente el nacimiento de Gaspar hacia 1719 y el de Jerónima sobre 1725. Eufemia es la madre de Jerónima, de quien hablaremos más adelante.
José Trujillo Cabrera, sacerdote y escritor nacido en Agulo en 1897, en su obra “Mi don Antonio José Ruiz de Padrón” nos aporta unos datos biográficos que nos ayudan a seguir conociendo los ancestros de nuestro protagonista. Don Gaspar Ruiz de Padrón era hijo de don José Ruiz Estrello y de doña Josefa Padrón, naturales de la isla de El Hierro y casados concretamente en la parroquia matriz de Nuestra Señora de la Concepción de Valverde el 29 de mayo de 1712.
José Ruiz Estrello era natural de Los Silos, Tenerife, hijo de Gaspar Estrello y de María Ruiz. Por su parte, Josefa Padrón era herreña, hija de Álvaro González Padrón y de Clara Fernández de Armas, ambos miembros de familias principales de Valverde.
Tras este breve acercamiento de su linaje paterno y antes de adentrarnos en la ascendencia materna, conoceremos el núcleo familiar de Antonio José Ruiz de Padrónque hunde sus raíces de manera profunda en los registros sacramentales gomeros.
Sus padres, don Gaspar Ruiz de Padrón y doña Jerónima Francisca de Armas y Arzola, contrajeron matrimonio en la parroquia de la Asunción de San Sebastián en 1756. Tuvieron cuatro hijos más: José, quien fue también sacerdote y ejerció como párroco de la iglesia de la Asunción de San Sebastián, Juana, igualmente siguió la vida religiosa y fue monja clarisa profesa en el convento de La Laguna. Otra hija fue Liberata, quien falleció soltera. La única de sus hermanas que contrajo matrimonio y dejó descendencia fue María de los Remedios. Casó en la iglesia de la Asunción de San Sebastián, en 1793, con don Gaspar Méndez Manrique y Peraza, cuyos apellidos reflejan su rancio abolengo insular, linajes estrechamente relacionados con la casa condal. Gaspar, natural de Agulo, ejerció como juez y alcanzó especial relevancia al convertirse en el primer alcalde constitucional de San Sebastián de La Gomera, tras la promulgación de la Constitución de Cádiz, en cuyas Cortes había desempeñado un destacado papel su cuñado, Antonio José Ruiz de Padrón. En la fecha de este matrimonio, los padres de nuestro ilustre protagonista ya habían fallecido.

De la unión de Gaspar y María de los Remedios se tiene constancia de al menos cuatro hijas:
– Doña Isabel Méndez y Ruiz, quien contrajo matrimonio en septiembre de 1815 con el cadete del Regimiento Provincial de la isla de La Palma don José María López y Martínez. Apenas ocho meses después, tras el fallecimiento de Isabel, José María volvió a casarse en la parroquia de la Encarnación de Hermigua con doña Josefa Mora y Calas.
– Doña Jerónima Méndez y Ruiz, casada en 1822 con el capitán don Antonio José Padilla Cabeza. Matrimonio con descendencia.
– Doña María de la Asunción Méndez y Ruiz, quien casó en 1823 con don José Padilla de la Cruz. Enlace con descendencia.
– Doña Josefa Méndez y Ruiz, casada con don Pedro de Armas Bento y Peraza en 1830.

Una vez vista la descendencia de la hermana de Antonio José Ruiz de Padrón, la cual quedó ampliamente establecida en la capital gomera, estudiaremos la ascendencia de su madre, Jerónima Francisca, que, como ya señalamos, hunde profundamente sus raíces en la historia de la isla. Era hija del matrimonio compuesto por don Mauricio de Armas y Núñez y doña Eufemia de Arzola, casados en San Sebastián en 1706.
Mauricio, quien nació alrededor de 1677 y sabemos que falleció antes de 1755, fue escribano y notario público de la Santa Inquisición. Su familia fue una las principales de la Villa. Era hijo de Cristóbal Laureano de Armas y de Ana de las Nieves, cuyo enlace tuvo lugar en 1674.




Eufemia de Arzola nació aproximadamente en 1682, hija de Esteban de Arzola Coello, natural de Agulo y viudo de Ana Francisca, y de Florentina de Vera, también documentada en otros asientos como Florentina de Morales, natural de Hermigua, quienes contrajeron matrimonio en San Sebastián en 1677 y residentes en el pago de Tejiade, según el matrimonio de su hija, si bien, en el padrón de 1680 aparecen como vecinos de Jerduñe. Cabe señalar, para quienes desconozcan la geografía gomera, que ambas localidades están separadas por escasos cinco kilómetros.

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De este registro deducimos que Esteban nació alrededor de 1654 y Florentina sobre 1661, así como que Eufemia lo hizo con posterioridad a 1680.
Florentina era hija de Francisco de Morales, procedente de Alajeró, y de Ana Rodríguez, casados en 1657, a quienes vemos residiendo en Jerduñe en 1680.


Es aquí, en Alajeró, donde perdemos el rastro documental de la familia de Florentina Morales.
Volviendo a Esteban de Arzola Coello, este era hijo del capitán Lucas de Arzola y de Ana Méndez, vecinos de Agulo y casados en 1637 en la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Vallehermoso.
Según se desprende de diversos documentos recogidos en la obra de Gloria Díaz Padilla “Colección Documental de La Gomera del fondo Luis Fernández (1536-1646). Estudio paleográfico, diplomático e histórico”, Lucas nació sobre 1588, pudo haberlo hecho en la Isla Baja de Tenerife y haber llegado a La Gomera poco después de la fundación de Agulo.
Nuevamente el padrón de habitantes de 1680 resulta una fuente fundamental de información ante la falta de datos sacramentales. Por un lado, nos indica que Lucas ya había fallecido, algo esperable dada su posible fecha de nacimiento; por otro, sitúa el nacimiento de Ana alrededor de 1616.

Ana Méndez era hija del prolífico e influyente matrimonio formado por Ambrosio Coello Montesino y María Méndez. Como ya se ha señalado en trabajos anteriores, Ambrosio desempeñó algunos de los principales cargos civiles, militares, judiciales y eclesiásticos de la isla, entre ellos los de sacristán mayor de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, escribano público, procurador de causas, sargento mayor de La Gomera y cobrador de las obvenciones del beneficio eclesiástico, reflejo de la destacada posición que ocupó su familia en la sociedad gomera del siglo XVII.
Dejando para próximos trabajos el estudio de Ambrosio Coello Montesino y del capitán Lucas de Arzola, dada la importancia que ambos alcanzaron en la historia insular, hasta aquí llega la investigación de los antecedentes familiares del ilustre gomero Antonio José Ruiz de Padrón. En la que no sólo se ha querido glosar someramente su importancia historiográfica, sino que hemos visto cómo sus linajes, además de hundir sus raíces en la más antigua historia gomera, son ampliamente compartidos por muchos de los habitantes de la isla y, muy posiblemente, fuera de ella, eso sí, sin el reconocimiento que verdaderamente ameritan.

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