Raíces gomeras

Raíces Gomeras es un espacio dedicado a la investigación y divulgación genealógica de La Gomera, donde se reúnen estudios, documentos y relatos sobre las familias que conforman la historia de la isla.

Gustavo Adolfo González Rodríguez nació en San Cristóbal de La Laguna en 1973.

Desde joven sintió una profunda curiosidad por la historia familiar y el legado de las generaciones pasadas, una inquietud que lo llevó a dedicarse de lleno a la genealogía familiar e histórica, con especial atención a La Gomera.

Miembro de la Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias (SEGEHECA) desde 2014, ha participado en charlas, congresos y jornadas dedicadas a la genealogía y la historia local. Su formación es fruto de incontables horas de investigación en archivos parroquiales y notariales, trabajo de campo y lectura de fuentes originales.

Entre sus estudios más destacados figuran “Tras la pista de la familia Pinelli y su descendencia en La Gomera” y “Los Lino, la historia familiar del linaje Rodríguez de Las Rosas”, dedicados a linajes que marcaron la historia de la isla.

Con Raíces Gomeras, Gustavo González busca compartir sus hallazgos, difundir el valor de la genealogía y despertar en otros la emoción de descubrir sus propias raíces.

Su propósito es claro: dar voz a los nombres del pasado y devolver a la memoria colectiva la historia de las familias gomeras, porque cada documento hallado es una historia que vuelve a la vida.

Pedro de Pineda, piloto de la carrera de Indias, es un personaje recurrente en la historia gomera, tanto desde el punto de vista histórico como genealógico, quizás sin el merecido reconocimiento historiográfico. Es, a mi juicio, alguien que merece un estudio profundo, no sólo en lo que respecta a su figura personal, sino también a su prolífica descendencia.

Lo que a priori nos llama la atención es precisamente su oficio, por lo que antes de recorrer su árbol genealógico, conozcamos un poco más su profesión.

Un piloto de la carrera de Indias, la ruta entre España y América durante la época virreinal, era el navegante encargado de dirigir la navegación del barco. Entre sus cometidos figuraban el cálculo de los rumbos, latitudes, derrotas y maniobras. Era el máximo responsable técnico de la navegación transatlántica en el siglo XVII, un cargo que se obtenía tras superar un riguroso proceso de examen en la Casa de la Contratación de Sevilla.

Recreación de Sevilla a principios del siglo XVII.

El candidato debía asistir a la Cátedra de Cosmografía, donde recibía la formación necesaria para dominar la ciencia náutica de la época, que culminaba en un examen ante un tribunal de expertos y el Cosmógrafo Mayor. En esta prueba, el aspirante debía demostrar su destreza en el manejo de instrumentos como el astrolabio y la ballestilla, así como un conocimiento profundo de las cartas de marear, las corrientes, los rumbos y la configuración de las costas americanas.

Recreación de un astrolabio náutico y una ballestilla.

La obtención del título representaba una cuantiosa inversión que iba mucho más allá del esfuerzo intelectual, pues el aspirante debía sufragar una serie de gastos asociados al proceso. Este desembolso incluía las propinas reglamentarias destinadas a los pilotos veteranos del tribunal y al Catedrático de Cosmografía por su participación en el examen, los derechos de expedición del título y los honorarios del escribano encargado de recoger las «informaciones» y testimonios. En el caso concreto de Pedro de Pineda, su expediente constaba de cuarenta folios, lo que nos da una idea de la complejidad del procedimiento. A estos costes administrativos se sumaba la necesaria adquisición de instrumental náutico propio, como astrolabios y compases, indispensables para el ejercicio profesional. Aunque resulta evidente que el acceso al título requería una capacidad económica elevada, la cuantía exacta de estos gastos requiere de una comprobación documental específica, algo ajeno al propósito de esta investigación, si bien nos da una aproximación a la realidad socioeconómica de nuestro protagonista y de su entorno familiar.

El examen tuvo lugar en Sevilla, sede de la Casa de la Contratación, el 15 de junio de 1610. Según se aprecia en la imagen, solicita el examen para navegar a Santo Domingo, Puerto Rico, La Habana, la Canal Vieja y la Banda del Sur.

Portada del expediente de examen de piloto de Pedro de Pineda (1610). Archivo General de Indias (PARES).
Firma de Pedro de Pineda. Archivo General de Indias (PARES).

Afirma ser natural de La Gomera y tener una experiencia de dieciocho años en las rutas. Entre las derrotas señaladas por Pedro de Pineda, destacan dos denominaciones náuticas hoy poco familiares para el lector. “La Canal Vieja” era el estrecho entre la costa norte de Cuba y el archipiélago de las Bahamas. Se trataba de una ruta secundaria, aunque de gran importancia estratégica, utilizada para evitar piratas o corrientes contrarias, extremadamente difícil de navegar por sus bajos fondos y arrecifes. La documentación consultada permite identificar con precisión la Canal Vieja, mientras que en relación a la Banda del Sur, parece aludir a las derrotas meridionales utilizadas en la navegación caribeña.

El examen fue presidido por Rodrigo Zamorano, piloto mayor y cosmógrafo de la Casa de la Contratación, además de catedrático de Cosmografía. Era el responsable de examinar a los aspirantes a piloto, supervisar la formación náutica y mantener actualizado el Padrón Real, la carta maestra oficial a partir de la cual se elaboraban las cartas de marear utilizadas en la navegación hacia las Indias. Gozó de un notable prestigio científico, de hecho, su obra “Compendio de la arte de navegar” (1581) alcanzó una amplia difusión entre los marinos de su tiempo, contribuyendo a la enseñanza de la cosmografía y de las técnicas de navegación astronómica. Que Pedro de Pineda obtuviera su habilitación bajo la autoridad de Zamorano pone de manifiesto el elevado nivel técnico exigido para acceder al título de piloto de la Carrera de Indias.

Firma de Rodrigo Çamorano [rubricado]. Archivo General de Indias (PARES).

Sin entrar en un análisis exhaustivo de todo el expediente, en la imagen vemos la parte donde el tribunal expone las cuestiones a las que deben responder los testigos que el aspirante a piloto tiene que aportar. En él, se interpela a los testigos sobre la dilatada experiencia del aspirante, específicamente en las rutas a Santo Domingo, Puerto Rico, La Habana y la Canal Vieja, subrayando el cumplimiento del requisito de ser mayor de veinticinco años. El interrogatorio pone especial énfasis no sólo en sus conocimientos técnicos y prácticos, sino también en que su trayectoria esté libre de «ningún vicio ni tacha», se apela a la «pública voz y fama» del candidato, es decir, que disfruta de buena fama entre sus convecinos.

Preguntas del examen de Pedro de Pineda. Archivo General de Indias (PARES).

Otra parte importante del expediente, aunque hoy pueda llamarnos la atención, era la probanza de limpieza de sangre, plenamente acorde con la mentalidad de la época.

El examen dedica un bloque fundamental a la probanza de su linaje, donde se interroga a los testigos, entre otras cuestiones, si tanto el aspirante como sus padres y sus cuatro abuelos han sido siempre “Xtianos Viejos de limpia sangre”, si el linaje está libre de toda “rraza de moros ni judíos”. Es especialmente relevante la mención a los “nuevamente convertidos”, una cláusula que buscaba excluir cualquier sospecha de conversión reciente al catolicismo, asegurando que la familia no solo profesaba la fe, sino que no había sido jamás “penitenciada por el Santo Officio de la Ynquisicion”.

El proceso culmina con el dictamen definitivo por parte del catedrático Rodrigo Zamorano, quien, tras supervisar el examen técnico y verificar que Pedro de Pineda posee los conocimientos necesarios en el manejo de la carta de marear, el astrolabio y la ballestilla, emite el acta de suficiencia el 22 de junio de 1610, autorizándolo formalmente para navegar hacia las provincias de la Española y Puerto Rico, así como al puerto de La Habana a través de la Canal Vieja.

En la obra de Francisco Morales Padrón “Fondos existentes en el Archivo General de Indias sobre las Islas Canarias” encontramos a Pedro de Pineda como maestre de la nao “Nuestra Señora de la Guía”, de ochenta toneladas, que partió de Tenerife con destino a Nueva España en 1609.

Recreación de una nao de principios del siglo XVII.

Una vez conocido, aunque sea someramente, el oficio de piloto de la Carrera de Indias y el proceso necesario para obtener esta habilitación, volvamos a la isla de La Gomera, concretamente finales del siglo XVI. En el libro de bautismos de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de San Sebastián encontramos la anotación correspondiente a Pedro de Pineda cuya transcripción dice:

En veinte y cinco dias del mes de Julio [1579] fue baptizado y puesto olio y crisma a Pedro hijo de Pedro Santos y de Luisa Cuello su muger pr mi el Lizdo Luis Ramos, Benefdo y Vicario, siendo Padrinos Gaspar Cuello, y Mencia Luis, su hija=

Por lo tanto, se puede acreditar que Pedro cumplía con el requerimiento de la edad mínima para ser piloto, tenía 31 años en el momento de la realización del examen.

La investigación de los antecedentes familiares de Pedro de Pineda tropieza, una vez más, con uno de los grandes inconvenientes de la genealogía gomera: la destrucción tanto de los libros parroquiales, como de los registros notariales, que dificulta enormemente la reconstrucción documental de las ascendencias. Pese a ello, podemos identificar a sus padres, Pedro Santos y Luisa Coello, tanto a través de la partida bautismal del piloto como de su matrimonio con Ana Serrana, celebrado en la iglesia de la Asunción de San Sebastián el 17 de julio de 1605.

Para contextualizar la realidad familiar del piloto resultan especialmente útiles sus padrinos de bautismo, Gaspar Coello y Mencía Luis, quienes fueron el abuelo y la madre de Ambrosio Coello Montesino, escribano público, procurador, sargento mayor y sacristán mayor de la iglesia parroquial de la Asunción de San Sebastián. Del ejercicio de esta profesión y cargos se deduce una alta posición social y económica, tanto de Ambrosio como de su familia. De nuevo nos hallamos con un personaje con una importancia notable en La Gomera de principios del siglo XVII que lo hace acreedor de su propio artículo. La coincidencia de apellidos con la madre de Pedro, Luisa Coello, con Gaspar Coello nos hace pensar en una estrecha relación familiar, si bien, la investigación no ha logrado encontrar documentación que la respalde.

En la partida matrimonial de Pedro y Ana, los testigos son, entre otros, los señores de la isla don Gaspar de Castilla y don Alonso Carrillo, constatando una vez más la importancia social de los contrayentes.

Pedro de Pineda aparece también en diversos asientos eclesiásticos que lo vinculan estrechamente a la familia de origen genovés Pinelo, la cual está asentada en La Gomera desde mediados del siglo XVI. Por un lado aparece en varios asientos en el libro de misas de la iglesia de la Asunción, donde figura como copropietario de un inmueble junto a los herederos de Cristóbal Álvarez y su mujer Lucía/Luisa Vinela, variante feminina del apellido Pinelo.

Por otro lado, también encontramos a Pedro y a su mujer Ana Serrana, como padrinos de una de las hijas gemelas o mellizas de Bartolomé Hernández y Magdalena Vinela, y a su suegra, Catalina Serrana, que sostuvo a la otra durante el sacramento:

“En la Villa del Señor de San Sebastian desta Ysla de la Gomera, en veinte y seis de Marzo de mil y seiscientos y y veinte y sinco años en la Parroquia desta Villa adboca de nuestra señora dela Asuncion, yo el Lizdo Don Gonzalo dela Peña Saabedra, Vicario y Beneficiado desta Ysla, puse agua, y oleo, y crisma, y bendiciones alas criaturas siguientes

Ana, hija de Bartolomé Hernandez, y de Magdalena Vinela: Padrinos Pedro de Pineda y Ana Serrana su muger, echole agua en el campo, el Padre Fray Luis de Aguiar Dominico, tubole Vicente Hernandez”

Maria, hija de Bartolomé Hernandez, y de Magdalena Vinela: Padrinos Salvador Martin y Maria de Arias [ilegible] agua en el campo a necesidad, Salvador Dias, tubo Catalina Serrana=”

Pedro de Pineda también fue testigo en el matrimonio de Sebastián Fragoso, hijo de Bartolomé Fragoso Pinelo y de Melchora Melián, con Lázara Negrín en 1628.

Cabe la posibilidad de que, además de las relaciones sociales propias de la élite local que han podido documentarse, existiera un vínculo familiar entre los Pineda y los Pinelo, si bien, hasta la fecha no se ha podido documentar.

Ante la imposibilidad de rastrear de manera ascendente a los antepasados del piloto, sólo nos quedan posibles hipótesis. El registro sacramental más antiguo que la investigación ha podido encontrar es el siguiente bautismo en la parroquia de la Asunción de San Sebastián:

“En veinte de Abril de mil e quinientos, e quarenta e quatro años baptizé yo Luis Castellanos, Vicario y Cura desta Ysla de la Gomera a Elvira, hija de Juan de Pineda e de Catali (sic) Rodrigz su legitima muger: fueron sus Padrinos el Sorñ Dn Luis Peraza de Ayala, e Juan Sanchez, e Madrinas Leonor Diaz muger de Diego de Cascante, e Elvira Ruiz mugere de dho Juan Sanchez, los quales todos tocaron sus manos en la criatura, en fe lo firmé de mi nombre=”

Los padrinos de Elvira ya nos dan una pista sobre la importancia del matrimonio conformado por Juan de Pineda y Catalina Rodríguez, pues entre ellos figura Luis Peraza de Ayala, hijo del primer conde de La Gomera, Guillén Peraza de Ayala. Juan de Pineda era un escribano público proveniente de la comarca de Daute en Tenerife. Ante estos datos, no puede descartarse que la familia del piloto tuviese relación directa, o si no, bastante cercana con la del escribano, pero, como se ha apuntado con anterioridad, no deja de ser una mera hipótesis.

Pedro Santos y Luisa de Coello, los padres del piloto, además tuvieron a:

Juan Santos, casado en La Palma con Francisca de Lugo en 1603.

Águeda Montesino, quien casó en 1605 con Gaspar Serrano, hermano de Ana Serrana, la esposa de nuestro piloto. Este enlace tuvo lugar apenas una semana después del matrimonio de sus respectivos hermanos. Fueron testigos del enlace don Gaspar de Castilla y don Alonso Carrillo, señores de la isla.

Beatriz Díaz, casada con Francisco Hernández en 1611. Fueron testigos los Condes de La Gomera, don Luis Fernández Prieto y su mujer doña Águeda de Castilla.

Francisca de Pineda, casada en 1613 con Juan Marín, cuyos orígenes estaban en el Ducado de Milán, el cual formaba parte de la Monarquía Hispánica, bajo el reinado de Felipe III de España. Fueron los padrinos los condes don Gaspar de Castilla y Guzmán y doña Inés de la Peña y Saavedra. Este enlace dejó descendencia en San Sebastián de La Gomera.

La presencia de los Señores de La Gomera como testigos y padrinos en los matrimonios de los hijos de Pedro Santos y Luisa de Coello revela el alto estatus económico y político de la familia, así como la estrecha relación con los Condes.

De forma oficial y generalizada, el registro de las defunciones comenzó a mediados del siglo XVI, concretamente tras el Concilio de Trento (1545-1563), sin embargo, el primer libro de entierros de la parroquia de la Asunción de San Sebastián de La Gomera se inició el 15 de enero de 1666. Por ello, no conocemos la fecha exacta del fallecimiento de Pedro de Pineda. No obstante, consta documentalmente que había fallecido antes de 1630, año en que su viuda, Ana Serrana, vendió un terreno en Hermigua, según recoge Gloria Díaz Padilla en su obra «Colección documental de La Gomera 1536-1646 estudio paleográfico, diplomático e histórico». Esta circunstancia vuelve a corroborarse en la partida matrimonial de su hija Juana de Pineda, celebrada el 2 de febrero de 1632, donde el piloto aparece expresamente citado como «difunto».

Una vez que hemos conocido los hechos más notables constatados en el recorrido vital del piloto, veamos quiénes fueron los descendientes del matrimonio conformado por Pedro de Pineda y Ana Serrana.

María de Pineda, la primogénita, nacida en 1606 y quien casó con el capitán don Martín Manrique de Lara, regidor y gobernador de la isla, perteneciente a esta destacada e importante familia gomera. Sin descendencia documentada.

Francisco de Pineda Serrano, primer cura de la parroquia de Hermigua. Nació alrededor de 1608. Como dato curioso, impartió sacramentos a muchos de sus parientes, como es el caso de este bautizo de un sobrino:

Gabriel hijo de el alfferes Benito domingues y de Joana Pineda Vesos de este valle ffue Baptizado Puesto olio y Crisma y bendiciones Por mi El Cura de dho Ve en Primro dia del mes de enero de mil y ssos y sinqta y seis años de que doy ffe y lo ffirme

tubole al dho salbador de albelo Franco Pineda

Pedro, nacido en 1625, quien debió fallecer o bien poco después de su nacimiento, o bien en sus primeros años de vida.

Pedro de Pineda Serrano, nacido en 1628, quien contrajo matrimonio con María de Morales, de cuyo enlace sólo se ha podido documentar el matrimonio de su hijo, el también denominado Pedro de Pineda Serrano con Beatriz de Estrada y Brito en 1692. Dejaron descendencia tanto en Hermigua como en Agulo.

Amaro de Pineda, casado con Isabel Cordobés. De este enlace nace María de Pineda, quien contrajo matrimonio en la Parroquia de la Encarnación de Hermigua con Gaspar Díaz de la Cruz en 1651. Esta última pareja deja descendencia documentada en Hermigua.

Juana de Pineda, nacida en 1616, quien casó con el alcalde de Hermigua y Alguacil Mayor, el alférez Benito Domínguez Melián, matrimonio con numerosa e importante descendencia en el Valle de Hermigua, la cual vamos a desarrollar a continuación.

El empleo de alférez de las milicias insulares, así como el cargo de Alguacil Mayor, el brazo ejecutor de la justicia señorial y el máximo responsable del orden público, ya nos da una idea de la importancia de la familia de Benito Domínguez Melián dentro de la sociedad gomera del siglo XVII. Fue poseedor de varios esclavos, además de contar con el servicio de criados, como refleja el padrón de 1680, donde figura residiendo en Hermigua, en un paraje denominado “Valle de Oliva”, topónimo ya desaparecido y que la investigación no ha podido localizar.

Según este padrón, Benito nació en 1605, si bien es una fecha aproximada, documentalmente sabemos que Juana nació en 1616, por lo tanto, tenía 64 años cuando se realizó el censo. En estos tiempos no se tenía la constancia de la fecha de nacimiento que se tiene hoy en día.

Sin embargo, a través de sus respectivos testamentos, sí tenemos documentadas sus fechas de fallecimiento. Benito lo hizo en 1683, alrededor de los 78 años, una edad provecta para el época. Mandó ser enterrado en el convento dominico de San Pedro Apóstol, perteneciente a la Orden de Predicadores, en el Valle Alto de Hermigua. Juana entregó su alma dos años más tarde, en 1685. Pidió ser enterrada en la misma tumba de su marido. De sus últimas voluntades se sabe que poseían terrenos donde sembraban cereales, así como también viñedos e higueras en la zona de El Tabaibal.

Como hemos visto en el registro padronal, el matrimonio de Benito y Juana, además de contar con el servicio de tres criados, poseía un esclavo, si bien en el libro de matrimonios de la parroquia de Hermigua encontramos el enlace de otro esclavo, Feliciano Domínguez, quien casa en 1682 con Catalina Blanca del Corral, hija de Juan de Niebla y Ana Hernández.

También en la misma parroquia, esta vez en el libro de bautismo encontramos los siguientes asientos:

“En veinte Y tres de maio de mill seistos Y sesenta Y siete años Yo fr Diego de Aguilar Lovera del horden de Predicadores con licencia del Ballr Miguel Ramos de leon Cura de la Parroquial de Nra ss de la Encarnación baptise a Julian hijo de luisa esclava del Alferes Benito domingues tubole a lo dicho Y fue su Madrina Antonia peres Y nacio el dia antecedente Y por verdad lo firme= fray diego de aguilar”

“En dho cia mes y año [06/03/1673] yo el dcho Cura bautize puse oleo y bendisiones a maria hija de luisa esclaba del alferes Benito domingues de que doi ffe

fue su padrino gaspar dias de la cruz

fr juan alvares de salasar”

Cabe destacar que el padrino, Gaspar Díaz de la Cruz, es sobrino político del alférez.

Una vez hemos visto una breve aproximación al contexto social del matrimonio formado por el alférez Benito Domínguez y de Juana de Pineda, conozcamos a la numerosa descendencia de los mismos.

Alférez Andrés Melián, casado en primeras nupcias con Sebastiana de León en 1661. Tras enviudar vuelve a casarse en 1673 con Juana de Morales, en este último enlace ostenta el empleo de ayudante, que dentro de las milicias era el oficial encargado de transmitir las órdenes del jefe a todas las compañías del regimiento. Ambos enlaces con numerosa descendencia tanto en Agulo como en Hermigua que desarrollaremos más adelante.

Isabel Cordero, nacida sobre 1647 y casada con el capitán y alcalde de Hermigua Antonio de la Cámara en 1670. Como vemos en el padrón de 1680, con descendencia documentada, la cual se asentó en Hermigua y Agulo.

Amaro Pineda, nacido aproximadamente sobre 1642, quien casó con María Clemente en 1676. Con descendencia.

Matías Melián, quien nació aproximadamente en 1642. Casó en primeras nupcias con Ángela de León en 1664. En 1667 casa en segundas nupcias con Luisa Piñero. En el padrón de 1680 lo tenemos viviendo en el pago de Valle de Oliva junto a su segunda esposa y a sus esclavos, Luis de 17, Lucía de 22, Valentina de 5 y María de 1 año. No consta descendencia de ninguno de los dos enlaces.

Pedro de Pineda, quien vino al mundo sobre 1647, casado con Ana García en 1686. Sin descendencia documentada.

Francisco Pineda, nacido alrededor de 1652, quien casó con Juana de Aguilar en 1674 estableciéndose en el pago de Monforte, en Hermigua, donde dejaron una larga línea familiar.

Diego Prieto Melián, nacido sobre 1654. Aparece documentado en el padrón de 1680 residiendo en el hogar paterno. Consta que aún vivía en 1710, año en que firmó como testigo en la defunción de Gaspar Rodríguez Casanova.

Gabriel, nacido en 1656.

Marcos de Pineda, de quien únicamente tenemos constancia documental por haber sido nombrado albacea en el testamento de su padre.

Como apuntamos anteriormente, dentro de la numerosa descendencia del alférez Benito Domínguez y la hija del piloto, Juana de Pineda, quizás el más reseñable sea el ayudante Andrés Melián.

Su primer matrimonio con Sebastiana de León tuvo lugar en la parroquia de la Encarnación de Hermigua en 1661.

Su segundo enlace fue con Juana de Morales, el cual tuvo lugar en la parroquia de la Candelaria de Chipude en 1673.

Consultado el padrón de 1680 lo tenemos residiendo en el valle de Hermigua, concretamente en las casas de Monteforme, actualmente denominado Monforte.

El último registro que dejó al ayudante Andrés Melián lo encontramos en el libro primero de defunciones de la parroquia de La Encarnación de Hermigua. Entregó su alma el 16 de febrero de 1707, siendo enterrado según su voluntad en el convento de Santo Domingo de Hermigua, concretamente en la capilla de la virgen del Rosario.

La descendencia de Andrés Melián fue numerosísima, sin entrar detalladamente en ella, lo que conllevaría una larga enumeración de individuos, sí haremos una aproximación para entender su importancia en la composición de la población de Hermigua y Agulo.

Del primer matrimonio con Sebastiana de León, oficiado por su tío el bachiller Francisco Pineda Serrano, se tienen documentados dos hijos:

Antonio de Mora Melián, nacido en 1672 y quien casó con Sebastiana de Jesús en 1698. Con descendencia en Hermigua.

Juan de Mora Melián, nacido en 1664 y casado en San Sebastián con Ángela de Arias en 1696. Con descendencia en Hermigua.

María, nacida aproximadamente en 1672, alrededor de un año antes de su segundo matrimonio, cabe la hipótesis de que Sebastiana de León falleciese durante el parto.

Del segundo matrimonio con Juana de Morales, la huella documental de su descendencia es la siguiente:

Tomás de Mora Melián, nacido en 1675, quien también ostentó el empleo de ayudante en la milicia insular, casó en Hermigua en 1699 con Inés de Guía. Matrimonio con descendencia conocida en Hermigua, Agulo y San Sebastián. Cabe destacar a su hija Josefa Teresa de Mora, quien casó con don Juan de Armas Bento Manrique en 1721, dejando descendencia en Agulo entre muchos de los que portan los apellidos Bento y Martín.

– María Pineda de la Encarnación, casada en 1704 con Francisco Rodríguez Casanova. Con descendencia en Hermigua.

Manuel de Mora Melián, nacido en 1678, quien casó con Ángela de Jesús en 1707. Matrimonio con descendencia en Hermigua.

Benito Domínguez Prieto, quien ejerció como regidor en el gobierno insular, casó con Lucía Rodríguez de Jesús en 1708. Este enlace dejó amplia descendencia en San Sebastián, Hermigua, Agulo, Jerduñe y Benchijigua.

Andrés Melián de Mora, casado con Luisa Rodríguez de Arzola en 1713. Con descendencia en Hermigua.

Sebastiana, nacida en 1673, cuyo nombre es posible sea en recuerdo de su primera mujer. Sin más rastro documental.

María, nacida en 1680, de la que tampoco se ha hallado otro registro.

Llegados a este punto, seguir desarrollando la numerosísima descendencia de Pedro de Pineda apenas aportaría nuevos elementos al propósito de este trabajo, cuyo principal objetivo es reivindicar la importancia histórica del personaje. Aquellos amantes de la genealogía y de la historia familiar fácilmente podrán enlazar sus propias investigaciones con el piloto, pues muchos de los que portan apellidos como Melián, Mora, Bento, Bencomo, de la Cámara, Arzola, Brito, Medina, Montesino, Prieto, de León, Casanova, Martín y Armas, entre otros, y, naturalmente, Pineda, descienden de él. Como se ha podido ver a lo largo de este trabajo, su herencia sigue viva entre muchos de los habitantes de La Gomera, desde donde, al igual que hizo el propio marino hace más de cuatro siglos, su descendencia partió hacia el resto del archipiélago y hacia tierras allende los mares, emulando las travesías de las naos que guio Pedro de Pineda, piloto de la Carrera de Indias.

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